El Gobierno de Navarra modifica la depuradora del Bajo Ega para evitar la emisión de olores

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El Gobierno de Navarra ha modificado el tratamiento de aguas de la depuradora del Bajo Ega para evitar la emisión de olores. Sus instalaciones, sitas en San Adrián, dan servicio a las aguas residuales de este municipio, Andosilla y Cárcar, y han sido visitadas hoy por el vicepresidente primero y consejero de Presidencia, Administraciones Públicas e Interior, Roberto Jiménez, acompañado por el alcalde de San Adrián, Emilio Cigudosa, y el gerente de la sociedad pública Navarra de Infraestructuras Locales (NILSA), Andrés Sola.

El centro, construido en 2001 y financiado en un 80% con los Fondos de Cohesión de la Unión Europea, ha demostrado unos rendimientos adecuados durante toda la década, pero presentó problemas de olores que comenzaron a subsanarse hace dos años, con un cambio en la línea de agua que suprime la primera fase de tratamiento en uno de los decantadores. En 2005, ya se había cubierto el decantador con una cúpula de grandes dimensiones, pero resultó una medida insuficiente. Tras tres años de pruebas y un año de constatación de resultados, el cambio en la línea de agua se mantendrá de ahora en adelante sin que esto afecte a la depuración del agua, ya que el vertido final siempre ha cumplido la normativa.

La depuradora es un ejemplo de instalación de tamaño medio en Navarra, ya que atiende a unos 10.000 habitantes. Este tipo de plantas –existen 98 en total– son las más abundantes en la Comunidad, ya que dan servicio a 540.000 navarros. El resto de las aguas sucias son tratadas en 15 depuradoras que cuentan con tratamiento terciario –más completo por requerimientos del medio fluvial o del tipo de vertido– y en instalaciones menores y fosas.

El año pasado Navarra depuró menor volumen de agua residual que en 2009, lo que “supone un logro y no retroceso”, según ha informado el vicepresidente Jiménez. De 82,13 hectómetros cúbicos depurados en 2009 se pasó a 77,75 hectómetros cúbicos, debido a una mejora en las instalaciones para que no recojan agua de lluvia. “La exclusión de las aguas pluviales de los colectores que conducen el agua hasta las instalaciones es un logro en cuanto que supone ahorro de costes, optimización energética y menor impacto ambiental, ya que el agua se filtra allí donde cae y no es trasladada hasta la depuradora para un tratamiento que no necesita”, ha indicado.

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