Con objeto de asegurar la seguridad de frutas y hortalizas que se venden frescas, la iniciativa Produce Safety Alliance explica la compleja normativa federal estadounidense relativa a la seguridad alimentaria. También trabaja en nuevas formas de evaluar el uso del agua en la agricultura.
Con objeto de asegurar la seguridad de frutas y hortalizas que se venden frescas, la iniciativa Produce Safety Alliance explica la compleja normativa federal estadounidense relativa a la seguridad alimentaria. También trabaja en nuevas formas de evaluar el uso del agua en la agricultura.
“El agua que se utiliza en la producción de frutas y hortalizas frescas es una posible vía de contaminación por microrganismo patógenos” afirma Gretchen Wall, principal autora de una nueva publicación y coordinadora de la iniciativa, una colaboración entre la Universidad de Cornell, la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) y el Departamento de Agricultura estadounidenses.
El documento (Key Outcomes From a Collaborative Summit on Agricultural Water Standards for Fresh Produce) resume los resultados de una reunión nacional de productores, científicos, miembros de la industria y organismos reguladores celebrada en 2018 para mejorar el Reglamento sobre la Seguridad de Productos Agrícolas (Produce Safety Rule), un elemento importante de la Ley de Modernización de la Seguridad Alimentaria estadounidense (Food Safety Modernization Act o FSMA).
El reglamento establece parámetros microbiológicos de calidad y requisitos analíticos para reducir los riesgos relacionados con el contacto entre el agua de riego y los alimentos, pero algunas de las disposiciones son difíciles de entender e implantar por los agricultores, lo que dificulta su cumplimiento, comenta Wall.
La FDA calcula que a nivel nacional los costes de los controles analíticos para los productores pueden ascender a 37 millones de dólares al año, lo que podría suponer 1.000 $ al año para pequeñas explotaciones agrícolas. A cambio, se reduciría significativamente el uso de agua contaminada y el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos.

Betsy Bihn, directora de la iniciativa Produce Safety Alliance, obtiene una muestra de agua.
El impacto del clima fue una de las prioridades mencionadas en la reunión. Betsy Bihn, directora de Produce Safety Alliance, recalca que “en la actualidad los productores tienen que enfrentarse a fenómenos meteorológicos más frecuentes, desastres naturales y cambios en los ciclos estacionales que pueden influir en las precipitaciones, las plagas y las enfermedades”.
Aunque la porción del Reglamento sobre la Seguridad de Productos Agrícolas que trata sobre el agua de riego fue aprobada en 2015, la FDA ha prolongado las fechas límites para su cumplimiento de 2022 a 2024, según el tamaño de la explotación.
Según Wall, la FDA tiene que tener en cuenta las variaciones de las prácticas de regadío a lo largo y ancho del país, y determinar cómo varía el riesgo en consecuencia. La importancia de la nueva publicación radica en que los participantes en la reunión propusieron soluciones para problemas complejos que la FDA aún tiene pendiente por resolver.
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