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Un estudio determina que los ríos del Pirineo han perdido un 30% de su caudal en el último medio siglo

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Pedro Etura Aristu (El Heraldo)

Un estudio científico sobre los cambios ambientales ocurridos durante el siglo XX en el Pirineo revela que los ríos que nacen en esta gran cordillera han perdido hasta el 30% de su caudal en los últimos 50 años. La reducción de las precipitaciones y sobre todo las modificaciones en los usos del suelo -que han aumentado la vegetación en detrimento de las tierras de cultivo- han provocado que la cantidad de agua disponible sea sensiblemente inferior a la de hace unas décadas.

Esa tendencia negativa se ve confirmada por otros factores como la acumulación de nieve en las montañas. Además, el estudio ofrece un escenario de futuro en el que el cambio climático acentuará la disminución de los recursos hídricos, por lo que sus autores consideran que el equilibrio entre la cantidad de agua disponible y las demandas presentes y futuras de la cuenca se va a ver "seriamente amenazado" -de hecho, los datos muestran que ya se ha producido una "drástica" reducción en los caudales que dejan salir los pantanos-.

El estudio, que ha sido publicado por la revista Global and Planetary Change, fue elaborado por los científicos zaragozanos Juan Ignacio López-Moreno y José María García-Ruiz, miembros del Instituto Pirenaico de Ecología, y por el suizo Martin Beniston, jefe del Grupo de Cambio Climático e Impactos Climáticos de la Universidad de Ginebra. López-Moreno, que también ha pertenecido a ese equipo de trabajo, advierte que los resultados obtenidos son "bastante contundentes".

Un panorama "preocupante"

"Hemos analizado varios factores, y todos coinciden en mostrar un panorama preocupante -explica el investigador zaragozano-. Si a lo largo del siglo XX, con un cambio climático bastante moderado, los recursos hídricos del Pirineo se han reducido notablemente, en las próximas décadas nos podemos encontrar con problemas realmente graves para abastecer una demanda que no para de crecer".

El objetivo de los autores era estudiar las consecuencias que los cambios ambientales registrados en el Pirineo tienen en la disponibilidad de agua y en la gestión de esos recursos. Para ello, analizaron tres variables estrechamente relacionadas: la precipitación, la evapotranspiración -la humedad que se pierde por evaporación directa o por la transpiración de las plantas- y los caudales de los ríos.

A partir de los datos de 18 estaciones de aforo, 18 observatorios meteorológicos y los registros de la Confederación, los investigadores crearon un índice regional en el que se plasma la evolución temporal, año a año, de esos factores principales. De esta forma, pudieron observar las tendencias producidas en los últimos 50 años y, sobre todo, posibles distorsiones entre tres variables que deberían evolucionar de forma paralela.

"Hemos visto que las lluvias sufren una reducción significativa desde el punto de vista estadístico en los meses de febrero, marzo y junio permaneciendo estacionarias el resto del año" explica López-Moreno. Aunque el estudio se basa en tendencias, no en porcentajes, el investigador cifra la disminución de precipitaciones "entre el 15 y el 20%".

Abandono de los cultivos

Sin embargo, para los autores del trabajo la pérdida de caudales está más relacionada todavía con los cambios en los usos del suelo. "Hemos comprobado que, a iguales condiciones climáticas, ahora hay menos agua disponible que antes -destacan-. Esa diferencia puede ser de hasta un 20%, y solo se explica por un aumento de la densidad vegetal".

Los investigadores recuerdan que a lo largo del siglo XX, y sobre todo a partir de 1960, el éxodo a las ciudades hizo que se abandonaran casi todas las tierras de cultivo. Antes esos suelos ocupaban el 30% del Pirineo. Ahora rondan el 2% y han sido sustituidos por bosques o por zonas de arbustos que aumentan la evapotranspiración.

"Cuanto más densa es la vegetación hay menos escorrentías y por tanto llega menos agua a los ríos, pero eso no quiere decir que los bosques sean algo negativo -aclara López-Moreno-. También es verdad que los bosques frenan la erosión de los suelos, y otra de las conclusiones de nuestro estudio es que ese aumento de la vegetación contribuye a paliar las crecidas ordinarias de los ríos disminuyendo sus efectos negativos".

Al haber menos lluvias y más evapotranspiración, el caudal de los ríos pirenaicos se ha recortado "en torno al 30%, según los cálculos de López-Moreno. Como puede verse en los gráficos adjuntos, ese descenso afecta a todos los cauces aragoneses.

Se reduce el manto de nieve

El estudio también tiene en cuenta la evolución del manto de nieve, que es otro de los factores que pueden explicar las diferencias entre la evolución del clima y la de los caudales. A partir de los datos históricos que tiene la Confederación sobre espesores a finales de abril, sus autores han comprobado que, además de presentar una fuerte variabilidad interanual, desde 1950 hasta 2000 la acumulación de nieve en el Pirineo oscense muestra una clara tendencia negativa con cada vez más años entre los 25 peores del periodo.

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