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Sobre el blog

Alejandro Beivide
Director de Transformación Digital y Sistemas de Control de Acciona. Infraestructuras. PDD-E-2018 IESE Business School. Ingeniero en Automática y Electrónica Industrial. Master en Energías Alternativas y Eficiencia Energética

Quizás la cuarta revolución industrial, la revolución 4.0 pueda ser la llamada la de “la industria conectada”. Es una definición que podría integrar de manera sencilla y agrupadora muchos de los conceptos básicos que la Industria 4.0 abarca.

Ya no se entiende la tecnología que no aporte valor al resto de propuestas en el ecosistema de aplicaciones, recursos tecnológicos, plataformas y como no, personas. 

Hablamos de conectividad en 2 aspectos. Uno físico, conexiones entre equipos, softwares o tecnologías, pero el más importante y que es el motor de toda esta evolución, es la conectividad relacional. Los sistemas interactúan entre sí y con los humanos. El abanico de interacción se universalizó, y se crea la verdadera red del todo. 

Esto es la base del IoE (Internet of Everything) o en castellano, Internet de Todo. El internet de las cosas es uno de los exponentes de la cuarta revolución industrial pero su concepto es un motor de cambio más amplio. Ya no se diseñan sistemas en los cuáles una de sus funcionalidades no sea estar conectado. Ya forma parte de la industria, entender que todo concepto productivo, de diseño y de mantenimiento no se concibe sin la conectividad y la interrelación que genera. Es el exponente que de manera más clara define la Industria conectada.

Ya no se diseñan sistemas en los cuáles una de sus funcionalidades no sea estar conectado

Un aspecto que potencia la conectividad industrial es la generación de valor distribuido. El concepto de ecosistema de empresas, capacidades, recursos y personas. Es el punto de encuentro donde ofrecer servicios y valor añadido a nuestra propuesta de información.

La tecnología 5G será el catalizador que revoluciona la conexión y la interacción, pero no debemos olvidar que ya venimos estando conectados desde hace mucho tiempo. Los dispositivos portátiles como los smartphones dieron un salto cualitativo al tener la velocidad y capacidad para conectarse de manera masiva a internet y ejecutar aplicaciones desde sus propios sistemas. Antiguamente teníamos sistemas de telecontrol y telemedida. Evolucionaron en telemetrías y redes digitales y ahora mismo podemos convivir con un amplio espectro de tecnologías de redes fijas, móviles, externas, de diferentes propósitos, con múltiples protocolos, diferencias en sus necesidades de espectro y consumo de energía, alcances y potencia… y todo lo demás que podamos definir como estándares de sistemas de conectividad. Es la revolución de la conectividad. Todo se conecta, ya es un imperativo que la conectividad venga asociada al propósito del sistema o servicio.

La nube ha sido un lugar de entendimiento y colaboración. En muchos casos no hablamos de conexiones de equipo a equipo (M2M, o Machine to Machine, como se solía llamar). Muchos de los progresos acontecidos en los conceptos de conectividad física y relacional se han dado en la capacidad de tener los servicios en la nube como ese lugar de repositorio de información y capacidad de computación. Se está favoreciendo mediante protocolos (MQTT), dispositivos (IoT, Gateways, EdgeComputing…) la conectividad directa con la nube y sus sistemas.

Almacenamiento, capacidad de computación, servicios y acceso a plataformas IA, ML…hacen que la nube sea un lienzo en blanco donde poder desarrollar todas las ideas creativas y que generen valor. Ahora mismo la nube es accesible por sistemas y equipos. Es la conectividad pretendida por la industria, esa que asegure el tránsito de los datos e informaciones mediante canales ciberseguros, estables y que puedan aprovecharse en la nube toda la información allí almacenada, generada y tratada.

Estamos en los días de la cuarta revolución industrial, la de la industria conectada.

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