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La gestión del agua como desorientación creadora entre dos naufragios

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Sobre el blog

Lorenzo Correa
Webmaster en futurodelagua.com Practitioner PNL. Master en Coaching con PNL. Executive & Life Coach.
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Estoy comprobando si los Reyes Magos me han dejado algo de todo lo que les pedí en la carta que les envié y a la que hice mención en el post anterior. Comienzo por leer la prensa y otros blogs: noticias y desiderátums tan loables como reveladoras para convencerme de que sus majestades, como casi siempre, no me han hecho mucho caso.

Dice la prensa: “El gobierno coge el ritmo en la planificación hidráulica” (intuyo que se refiere a que va a cumplir los plazos en la aprobación de los planes de gestión para evitar sanciones y a realizar 17.000 actuaciones programadas en ellos). Pero también señala que la Comisión Europea tiene claro que España aún no ha internalizado la directiva Marco del Agua y sus restricciones ambientales. Y la nueva ley de aguas está en un cajón ministerial. ¿Otro naufragio? Me pregunto, después de recordar todo lo que aquí he escrito si, a principios del 2015, esta es la mejor noticia que nos puede traer la prensa, si algo está cambiando y lo que es peor, si algo cambiará alguna vez para que salgamos de la sucesión periódica de espasmo y marasmo.

La Comisión Europea tiene claro que España aún no ha internalizado la directiva Marco del Agua y sus restricciones ambientales

Traen los blogs maravillosos desiderátums: que se definan los objetivos que debemos de lograr para que la gestión del agua en España, sea cada día mejor y más eficiente. Me llega que no se conseguirán mientras el cliente no esté seducido para abordar voluntariamente las acciones que hay que abordar para conseguirlos.

Sobre el estrés del agua, otra interesantísima aportación, se me ocurre colocar el estrés del cliente que paga y a quien se le pide “realizar un gasto “prudente” y la utilización de sistemas “eficientes” para evitar un empeoramiento del problema, fomentando una “cultura de agua” que permita entre todos la gestión sostenible de un recurso tan valioso, como es el agua”.

¿Quién reduce la tensión sobre el cliente? ¿Los expertos con sus opiniones? ¿La administración con su autoridad? ¿Los buenos deseos? ¿Las entidades que sustituyen a la administración tradicional?

Tengo escrito que para que cambie la cultura tienen que cambiar los deseos. Concluyo este repaso a prensa, blogs y cartas a los Reyes Magos: ¿Cómo y cuándo vamos a cambiar nuestros deseos, como clientes que todos somos, en el ámbito de la gestión del agua para que cambie la cultura, si estamos sobreviviendo al segundo naufragio?

Lo que ha sucedido con la gestión del agua en España desde hace un siglo es sobradamente conocido y está en la mente de todos; por otra parte, me he ocupado de ello en diversos escritos publicados en iAgua; esto me permitirá ser muy parco en referencias históricas; lo que hoy me apetece sobre todo es mostrar el sentido de los sucesos acontecidos en este ámbito, el argumento de la modalidad cambiante de la gestión desde los inicios del siglo XX a los inicios del siglo XXI.

La creación de las confederaciones no es más que el revelador de cuál era la situación real de España, por debajo de las apariencias. Y eso no quiere decir que no se haya cometido después un error: proyectar sobre la etapa anterior todo lo que fue el pretendido «desastre de la gestión basada en las obras hidráulicas», como si este hubiera sido consecuencia necesaria de ella, sin advertir el elemento de azar inseparable de la vida humana, individual o histórica: las cosas, dada la situación del país, hubieran podido acontecer de otra manera. En escritos anteriores he tratado de tener en cuenta las diversas posibilidades reales y el elemento de libertad que pertenece a lo humano. Pero la idea rectora que define, en nuestro ámbito también, los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI es la de europeización.

La 1ª europeización de la gestión del agua fue obra de minorías de expertos que cancelaron el desequilibrio que arrastraba durante casi todo el siglo XX nuestra política hidráulica

El afán de europeización se populariza con el libro de Joaquín Costa, “Reconstitución y europeización de España” (1900). Y la administración hidráulica también surge de alguna manera de sus teorías regeneracionistas. Europeización hidráulica es Directivas… los «regeneracionistas» clásicos del siglo XIX entendían la europeización como imitación de Europa o importación de lo que de ella nos faltaba. Yo, con Ortega, creo que consiste más en no imitar. Porque Ortega nos dice que “España es el problema y Europa la solución; pero no para repetir o imitar, sino para lograr que España sea una posibilidad europea, para llegar a la interpretación española del mundo”.

Me permito cambiar el “mundo” por “las directivas” y ya tenemos lista para explicar mi interpretación orteguiana de los dos naufragios de la gestión del agua. El primero por intentar ponernos a su nivel haciendo obras con tesón y esfuerzo y el segundo por querer imitar con nota, en un plazo muy corto y a un coste económico y social muy alto lo que en otros países de Europa es más sencillo, barato y aceptable socialmente.

El «desastre nacional», que provocó el primer naufragio podría tener uno de sus factores desencadenantes (por poner algo notable para todos), en los trasvases de Tajo (realizado) y Ebro (eternamente pretendido en su totalidad), que dejó en estado de estupor a las minorías más sensibles y despiertas de expertos, que iniciaron la ímproba tarea de salvar los restos del naufragio y construir una nueva nave con el objetivo de que la «europeización», se consiguiera al poner la gestión española del agua a la altura del tiempo.

El segundo naufragio podría tener como referencia la malhadada crisis, ha sido fundamentalmente económico, al pretenderse alcanzar las cimas más altas (y más caras de pisar), en lugar de dirigirse a elevar el nivel medio existente. De él he escrito en mi anterior post, referido a mi visión del futuro de los planes de gestión de cuenca. No me repetiré más.

Ahora nos encontramos sumergidos, pero como soy optimista compulsivo, a este participio le añado la “vitalidad” y escribo que creo que nos encontramos en una vitalidad sumergida, porque me niego a creer que el nuevo naufragio sea un hundimiento definitivo.

La primera europeización de la gestión del agua, fue obra de minorías de expertos que cancelaron el desequilibrio que arrastraba durante casi todo el siglo XX nuestra política hidráulica. La nueva europeización de la gestión del agua debería ser completamente distinta y afectar a las mayorías, a la sociedad en su conjunto, elevando el nivel medio alcanzado; Debería tener carácter económico y emocional más que intelectual, de relleno y nivelación ascendente más que de escalada a los picos más inaccesibles.

La nueva europeización de la gestión del agua debería ser completamente distinta y afectar a las mayorías

Pido pues que esa soterrada vitalidad a la que me acabo de referir, deje abierta la posibilidad de un rebrote de originalidad si se la estimula con un modelo de gestión atractivo. Y entonces, definir los objetivos.

Asumir este reto, el de ser originales y creativos, no víctimas y reiterativos, exige un esfuerzo colectivo, en este caso triple: técnico (cómo hacerlo eficaz y eficientemente), económico (¿cuánto es, de dónde lo sacamos, quién paga?) y emocional (ampliando el foco para eliminar creencias limitantes y fundamentando juicios para atravesar los filtros inconscientes de la información)

Y lo que sea económicamente viable y técnicamente factible tendrá que ser TAMBIÉN socialmente aceptable (hay que seducir al cliente). Y si no, no habrá nada

Me encantaría leer en los periódicos de 2015 que la comunidad científica está estudiando hasta qué punto la sociedad está dispuesta a aceptar, a cambiar, a pagar por… quitando estrés y qué modelo de seducción emplean los políticos, hasta hacer suyo este triple reto.

Me gustaría que los que saben de esto (los expertos), identificaran al líder que afrontará la tarea de gestionar el equipo que trabaje para articular los medios necesarios para ganar la confianza de la sociedad, algo, por ahora, inexistente, lo que es para mí la fuente de todos los males de la gestión del agua: la desconfianza en el gestor entre naufragios. Voto por la desorientación creadora