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Los acreedores de Thames Water proponen un rescate de £17.000 millones tras la retirada de KKR

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Thames Water, la mayor empresa de suministro de agua y saneamiento del Reino Unido, atraviesa una incuestionable crisis financiera. Con la retirada de su inversor preferente, KKR, un grupo de acreedores ha propuesto un plan de rescate de £17.000 millones para evitar la intervención estatal y asegurar la continuidad del servicio a más de 16 millones de personas. Una propuesta a contrarreloj tras la fuga de capital En marzo, la compañía había apostado por una solución de mercado al elegir al fondo estadounidense KKR para liderar una recapitalización de £4.000 millones. Sin embargo, tras semanas de análisis, KKR se retiró, alegando riesgos regulatorios y políticos, y dejando a los acreedores senior como la única opción viable para evitar el colapso de la empresa. Ante la situación, más de 100 acreedores han presentado a Ofwat, el regulador del sector, un ambicioso plan que incluye una inyección de £3.000 millones en capital, £2.250 millones en deuda nueva y la condonación de £6.700 millones en pasivos existentes. Esta última medida supondría la pérdida total para los accionistas actuales, lo que representaría uno de los mayores golpes a la inversión privada en infraestructura británica en las últimas décadas. Tensiones con el regulador y presión sobre Downing Street El plan, que también contempla una inversión operativa de £20.500 millones en cinco años, promete modernizar la red, reducir fugas, mejorar la capacidad de tratamiento de aguas residuales y avanzar en digitalización. Además, los acreedores proponen renovar la gobernanza de la empresa con un nuevo consejo de administración y una mayor supervisión regulatoria. Sin embargo, Ofwat ha expresado dudas sobre la solidez del plan. Según The Guardian, Algunos de sus responsables consideran insuficiente la condonación de deuda del 20 % y sugieren que se necesitaría una reducción más profunda, del 30 al 40 %, para restablecer una calificación crediticia de grado de inversión. También inquietan las solicitudes de flexibilización temporal en los estándares medioambientales y la exención de multas por incumplimientos anteriores, medidas que los acreedores consideran necesarias para evitar un ciclo de sanciones y deterioro operativo. Por ahora, el gobierno ha evitado activar la administración especial, figura equivalente a una nacionalización temporal, aunque ha dejado claro que intervendrá si hay riesgo para el suministro de agua o el tratamiento de aguas residuales. Mientras tanto, la viabilidad de Thames Water sigue en el aire, con el tiempo corriendo en contra y el debate sobre el papel del Estado en servicios esenciales más vigente que nunca.

Thames Water, la mayor empresa de suministro de agua y saneamiento del Reino Unido, atraviesa una incuestionable crisis financiera. Con la retirada de su inversor preferente, KKR, un grupo de acreedores ha propuesto un plan de rescate de £17.000 millones para evitar la intervención estatal y asegurar la continuidad del servicio a más de 16 millones de personas.

Una propuesta a contrarreloj tras la fuga de capital

En marzo, la compañía había apostado por una solución de mercado al elegir al fondo estadounidense KKR para liderar una recapitalización de £4.000 millones. Sin embargo, tras semanas de análisis, KKR se retiró, alegando riesgos regulatorios y políticos, y dejando a los acreedores senior como la única opción viable para evitar el colapso de la empresa.

Ante la situación, más de 100 acreedores han presentado a Ofwat, el regulador del sector, un ambicioso plan que incluye una inyección de £3.000 millones en capital, £2.250 millones en deuda nueva y la condonación de £6.700 millones en pasivos existentes. Esta última medida supondría la pérdida total para los accionistas actuales, lo que representaría uno de los mayores golpes a la inversión privada en infraestructura británica en las últimas décadas.

Tensiones con el regulador y presión sobre Downing Street

El plan, que también contempla una inversión operativa de £20.500 millones en cinco años, promete modernizar la red, reducir fugas, mejorar la capacidad de tratamiento de aguas residuales y avanzar en digitalización. Además, los acreedores proponen renovar la gobernanza de la empresa con un nuevo consejo de administración y una mayor supervisión regulatoria.

Sin embargo, Ofwat ha expresado dudas sobre la solidez del plan. Según The Guardian, Algunos de sus responsables consideran insuficiente la condonación de deuda del 20 % y sugieren que se necesitaría una reducción más profunda, del 30 al 40 %, para restablecer una calificación crediticia de grado de inversión. También inquietan las solicitudes de flexibilización temporal en los estándares medioambientales y la exención de multas por incumplimientos anteriores, medidas que los acreedores consideran necesarias para evitar un ciclo de sanciones y deterioro operativo.

Por ahora, el gobierno ha evitado activar la administración especial, figura equivalente a una nacionalización temporal, aunque ha dejado claro que intervendrá si hay riesgo para el suministro de agua o el tratamiento de aguas residuales. Mientras tanto, la viabilidad de Thames Water sigue en el aire, con el tiempo corriendo en contra y el debate sobre el papel del Estado en servicios esenciales más vigente que nunca.

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