El desfase entre cantidad y calidad del agua en Colombia

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  • Cartagena, en Colombia (Wikipedia).

(UNAL) El profesor Carlos Escobar Chalarca, ambientalista de la UN en Palmira, asegura que, aunque el país posee una buena cantidad del recurso, su calidad está decreciendo por la contaminación.

Según el Estudio Nacional del Agua (ENA), publicado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (Ideam) en el año 2011, la oferta hídrica del país es seis veces superior a la mundial y tres veces mayor que la de Latinoamérica.

Estos resultados permiten afirmar que Colombia es uno de los países del mundo que tiene más cantidad de ecosistemas productores de agua (sin incluir los mares).

Colombia es uno de los países del mundo que tiene más cantidad de ecosistemas productores de agua.

Según el ENA, la mayor riqueza hídrica (ríos, páramos, humedales, cuencas, etc.) está ubicada en la Amazonia, la Orinoquia y el Pacífico, mientras que en la zona andina y en el Caribe (en donde están ubicados los centros urbanos industriales) el recurso es escaso.

Al respecto, el profesor Carlos Escobar Chalarca, ingeniero agrícola de la UN en Palmira y docente de uso racional de agua, dice que el concepto de recurso natural debe ir cambiando paulatinamente.

“Algunas comunidades en Latinoamérica están remplazando ese concepto por los de derechos y bienes ambientales, que implican nociones claves como las de empoderamiento, pertenencia, tejido social y conservación, entre otras, relacionadas con la administración de los recursos naturales”, informa el docente.

Por eso, cuando se evalúa el estado real de su oferta en Colombia, se observan unos desequilibrios enormes relacionados con largas épocas de lluvias e inundaciones y otras de absoluta sequía. En estos influyen tanto factores propios del cambio climático como aquellos causados directamente por el hombre.

“En cuanto a su disponibilidad, todavía tenemos muchas esperanzas, porque existen buenas fuentes. Pero hay también un gran problema, y es su alto grado de contaminación. Podemos tener mucha cantidad, pero estamos decreciendo en calidad”, sostiene Chalarca.

Para hacer un manejo integral de su calidad, se debe comenzar por la educación. “Los centros educativos son cruciales para hacer campañas fuertes, no tanto de capacitación, sino de sensibilización”.

Los grandes demandantes del recurso (agricultura, industria y consumo humano) están llamados a sensibilizarse en cuanto a contaminación y ahorro.

“Tienen que ejecutar un plan de manejo que optimice su uso. Las autoridades ambientales no deben hacerlo todo. Tienen un compromiso, pero es mayor el de sus demandantes. Actualmente, hay una dinámica de quitarle mucho al medioa mbiente, pero devolverle poco. El caso específico de Palmira es el río Nima, que provee energía y agua a la población. Pero ¿cuánto se le devuelve al río? Nada en comparación con lo que nos da”, concluye. 

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