Arranca en el sur del Cáucaso la tercera fase de un proyecto europeo de protección fluvial

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(CORDIS) Recientemente arrancó la tercera fase de un proyecto financiado con fondos europeos cuya finalidad es mejorar la calidad del agua en la cuenca del Río Kura. Por medio de esta iniciativa, titulada «Gestión fluvial transfronteriza del Río Kura» y financiada a través del Instrumento Europeo de Vecindad y Asociación (ENPI) de la Comisión Europea, la Unión Europea presta ayuda a Armenia, Azerbaiyán y Georgia con el fin de remediar la contaminación y el impacto negativo de las actividades industriales y agrícolas sobre el Kura. En términos generales, el proyecto tiene la finalidad de promocionar la adopción del método europeo de gestión de los recursos hídricos.

El Río Kura, gravemente afectado por las actividades humanas en la región, atraviesa las montañas del Cáucaso desde Turquía, en el noreste, hacia Georgia y después Azerbaiyán, donde se le une el Río Aras y desemboca en el Mar Caspio tras recorrer una distancia de 1 515 kilómetros. La contaminación del agua ha alterado su ecosistema hasta el punto de que numerosas especies de peces han desaparecido por completo.

Todos los cursos de agua de Armenia y la mayoría de los de Azerbaiyán van a parar al Kura, a pesar de que éste ni siquiera pasa por el primero de los dos países.

El proyecto ENPI, que cuenta con un presupuesto total de 5,2 millones de euros, tiene el propósito de ayudar a dichos países del sur del Cáucaso a implantar un método de gestión de cuencas fluviales y a articular una estrategia común de control de la calidad del agua y evaluación de los ríos basado en las metodologías establecidas en la Directiva Marco del Agua (DMA) de la UE.

El proyecto, que inició su andadura en junio de 2008, se divide en cuatro etapas. La primera consistió en comparar los sistemas existentes para la evaluación de la calidad del agua en Armenia, Azerbaiyán y Georgia con los requisitos de la DMA. En la segunda, concluida en diciembre de 2011, se formuló una propuesta para la sustitución de instrucciones técnicas y políticas anticuadas y se redactó una serie de directrices técnicas tendentes a facilitar la implantación del enfoque común a la evaluación de la calidad hídrica.

La tercera parte del proyecto, recién iniciada, se centrará fundamentalmente en llevar a cabo, a modo de experiencia piloto, estudios sobre el terreno en cuencas transfronterizas, toma de muestras de agua y análisis. Posteriormente, la cuarta y última etapa se dedicará a mejorar la coordinación con las actividades de la Iniciativa de la Unión Europea sobre el Agua y con proyectos hídricos realizados por la UE y otras agencias internacionales en la región del sur del Cáucaso.

El proyecto se articula en torno a una metodología y un conjunto de reglas, todo lo cual se ha consensuado previamente. Equipos de análisis revisan e intercambian datos de calidad del agua en Armenia, Azerbaiyán y Georgia y llevan a cabo controles conjuntos en distintos puntos del río. Estas actividades conjuntas de control han dado lugar a recomendaciones prácticas para la introducción del control de la calidad con los propósitos de incrementar la precisión y exactitud de la información, adoptar procedimientos de trabajo similares propicios para alcanzar estándares y criterios de evaluación de la calidad del agua superficial y, por último, intercambiar con regularidad información y experiencias sobre calidad hídrica.

ENPI es también el principal mecanismo de financiación por el cual se presta asistencia a los países socios de la Política Europea de Vecindad (PEV), más Rusia. Está gestionado por la Dirección General de Desarrollo y Cooperación - EuropeAid.

En virtud de la DMA los Estados miembros de la UE se comprometieron a alcanzar antes de 2015 un buen estado de todas sus masas de agua desde los puntos de vista cuantitativo y cualitativo. Esta Directiva define el «estado de las aguas superficiales» como la expresión general del estado de una masa de agua superficial, determinado por el peor valor de su estado ecológico y de su estado químico. Por consiguiente, un «buen estado de las aguas superficiales» se define como el estado alcanzado por una masa de agua superficial cuando tanto su estado ecológico como su estado químico son, al menos, «buenos». «Estado ecológico» es una expresión de la calidad de la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas acuáticos asociados a las aguas superficiales.

La DMA reconoce que el agua es esencial para todas las formas de vida y que por tanto es vital asegurar un acceso seguro a este recurso.

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