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Claudia Müller: "La lógica de interdependencia hídrica está en el corazón de Vaivén"

  • Claudia Müller: " lógica interdependencia hídrica está corazón Vaivén"
    Claudia Verónica Müller Montes.
    Cedida.
  • El pasado jueves 11 de diciembre, el Observatorio del Agua de la Fundación Botín entregó los Premios a la Gestión Sostenible del Agua, precedidos por un coloquio sobre cómo comunicar a la sociedad los retos del agua.

Sobre la Entidad

Fundación Botín
El Observatorio del Agua de la Fundación Botín es un think tank multidisciplinario se propone contribuir a la mejora de la gestión de los recursos hídricos en España y a nivel global.

La artista chilena Claudia Verónica Müller Montes ha sido reconocida con el Premio a la Gestión Sostenible del Agua 2025 en la Modalidad B, que distingue proyectos artísticos vinculados al agua, por su instalación Vaivén. La obra, compuesta por dos cuerpos escultóricos interconectados por 400 litros de agua en circulación, explora la interdependencia ecológica y la reciprocidad como principios fundamentales de los sistemas hídricos. En esta entrevista, Müller reflexiona sobre los aspectos conceptuales, técnicos y simbólicos de su propuesta, y sobre cómo el arte puede contribuir a generar una conciencia sensible y profunda sobre el agua como sustancia compartida, vínculo planetario y memoria en movimiento.

Pregunta: Has obtenido el Premio a la Gestión Sostenible del Agua 2025, en la Modalidad B, por tu obra Vaivén. ¿Qué ha significado para ti este reconocimiento y cómo crees que contribuye a visibilizar la relación entre arte y sostenibilidad del agua?

Respuesta: Este reconocimiento es muy importante y significativo para mí, tanto a nivel personal como dentro de mi trayectoria artística. Vaivén nació de la idea de articular dos cuerpos iguales, pero opuestos, enfrentados y atravesados únicamente por 400 litros de agua en circulación. De esta manera, el depósito de agua de un cuerpo sirve para alimentar al otro en un vaivén constante, generando un sistema de dependencia mutua.

Esta noción de reciprocidad es una de las bases de mi cuerpo de obra. Me interesa comprender que, como seres planetarios, participamos de un intercambio hídrico continuo y cíclico, donde el agua del planeta posee la facultad de viajar por todo el mundo, atravesando territorios sin delimitaciones ni fronteras, y cambiando de estado como una forma de movimiento y permanencia a la vez.

"Vaivén nació de la idea de articular dos cuerpos iguales, pero opuestos, enfrentados y atravesados únicamente por 400 litros de agua en circulación"

Creo que este premio contribuye a visibilizar cómo el arte puede generar conocimiento sensible en torno a la sostenibilidad del agua. Estamos aún en camino —y en deuda— de comprender al agua y a sus cuerpos como aquello primordial de lo cual estamos hechos, y a quienes debemos el mismo cuidado que nos debemos a nosotros mismos y a los demás seres planetarios que habitan la Tierra.

P.- ¿Cuál fue la inspiración original o la idea central detrás de Vaivén, y qué mensaje conceptual buscabas transmitir con esta instalación?

R.- Vaivén nació de una pregunta sencilla, pero esencial: ¿cómo imaginamos la reciprocidad entre cuerpos que dependen del mismo flujo vital?

La lógica de interdependencia hídrica está en el corazón de Vaivén. Cada piscina cuenta con dos sensores de nivel, y cuando una rebalsa, el sensor activa el cese de la bomba contraria, asegurando la estabilidad del sistema. Esta regulación cruzada transforma el circuito hidráulico en una metáfora tangible de los ecosistemas acuáticos del mundo, recordándonos que la sostenibilidad se basa no solo en el flujo, sino también en la reciprocidad y el límite. La idea central de la obra es pensar el ciclo hídrico del planeta que habitamos y destacar la importancia del agua como elemento enlazador de especies, territorios y mundos. El agua es vida, y también es memoria, circulación y relación.

El título Vaivén alude precisamente a este movimiento oscilatorio del agua y al ciclo incesante de evaporación, condensación, solidificación y precipitación que articula el sistema hidrológico global. Desde esta perspectiva, la obra trasciende lo escultórico para pensar nuestra pertenencia a una red interdependiente de flujos y transformaciones.

P.- Desde el punto de vista técnico y creativo, ¿cómo fue el proceso de construir y ajustar este circuito de agua constante? ¿Qué desafíos presentaron los materiales y la tecnología en el montaje de la obra, y por qué era importante para ti emplear justamente estos medios para dar vida al concepto?

R.- Vaivén es una instalación que presenta un ciclo hídrico constante. Está construida mediante cañerías de cerámica, bronce, cuero y cobre, formando dos cuerpos encontrados y opuestos que comparten un mismo fluido. El agua que circula entre ellos está regulada por sensores de nivel: si una de las piscinas acusa una baja en su caudal, uno de los brazos de la instalación detiene su caída de agua para igualar los volúmenes acuosos. Este sistema lo desarrollé como una forma de medir el descenso del caudal a través de la humedad, entendiendo el agua no solo como un material, sino como un indicador de vida, sensibilidad y equilibrio.

El proceso de construcción de Vaivén combinó procesos artesanales, como el modelado manual de la cerámica, con sistemas tecnológicos de control hidráulico, bombas de agua y sensores de nivel. Uno de los principales desafíos fue lograr que el sistema funcionara de manera autónoma y estable, respetando la lógica de equilibrio e interdependencia que la obra propone conceptualmente.

La elección de materiales no es arbitraria. La cerámica y el bronce remiten a lo mineral y a lo geológico; el cobre y el cuero establecen un vínculo con la sujeción de las piezas y con la circulación del agua. Me interesaba trabajar con materiales que dialogaran entre lo terrestre y lo líquido, entre lo técnico y lo orgánico, porque el agua misma opera en ese cruce. Emplear estos medios era fundamental para que el concepto de interdependencia no fuera solo una metáfora, sino una experiencia física y real.

P.- Además del agua en movimiento, Vaivén incorpora otros elementos simbólicos. ¿En qué consisten estos y cómo se integran estos componentes al discurso de la obra?

R.- La obra articula dos cuerpos iguales pero opuestos, enfrentados y comunicados únicamente por 400 litros de agua en circulación. El depósito de un cuerpo alimenta al otro, y viceversa, creando un movimiento constante que sostiene la existencia de ambos. Es, al mismo tiempo, un diálogo y un equilibrio.

"El título Vaivén alude precisamente a este movimiento oscilatorio del agua y al ciclo incesante de evaporación, condensación, solidificación y precipitación que articula el sistema hidrológico global"

Los dos cuerpos enfrentados evocan ríos contrapuestos que, a pesar de sus diferencias, dependen uno del otro para existir. La longitud de la obra y la necesidad de recorrerla corporalmente invitan al espectador a desplazarse siguiendo el flujo del agua, como si transitara un cauce. La cerámica y el bronce imprimen en sus propios materiales el flujo del agua, dejando una huella permanente de una circulación en constante movimiento.

El uso de sensores y la regulación cruzada entre ambas piscinas introduce la noción de límite y cuidado: cuando uno de los cuerpos se desborda, el otro debe detenerse. Esta lógica remite directamente a los ecosistemas acuáticos del planeta, donde el equilibrio no se basa únicamente en el flujo constante, sino también en la capacidad de autorregulación. Todos estos elementos se integran para pensar el agua como un sistema vivo, sensible y relacional.

P.- ¿Qué reacción o reflexión esperas provocar en los espectadores mediante esta obra, tanto en el plano estético-emocional como en la conciencia sobre el agua y la interdependencia ecológica?

R.- Espero que Vaivén genere una experiencia tanto sensorial como reflexiva. En el plano estético y emocional, me interesa que el espectador se deje afectar por el ritmo del agua, por su sonido y por su temporalidad. Que pueda percibir el agua no como algo distante, sino como un cuerpo vivo con el que comparte una misma condición material.

En un plano más amplio, me gustaría que la obra invite a pensar la interdependencia hídrica desde un lugar sensible: comprender que el agua que bebemos, que transpiran los árboles, que cargan los animales y que circula en nuestros cuerpos es la misma.

Si logramos ver el agua como un igual a nosotros —que tiene un pulso, es dinámica, sensible, cambia de estado y nos entrega la vida junto con nuestro astro Sol—, nuestra percepción del mar, de los lagos y de los ríos dejaría de ser ajena. Sería como sentir que aquello que vemos en los cuerpos de agua está también dentro de nosotros: nuestra segunda sangre, que conecta a todos los seres por igual, de manera sensible, integrada, cambiante y universal.

De esta forma, entenderíamos que los árboles tienen la misma importancia que nosotros en este planeta; que insectos y animales están interconectados por el agua que beben, transpiran y cargan dentro de cada cuerpo, sin importar la escala física o temporal a la que pertenezcan.

Me interesa pensar que, desde el lugar del que provengo, Chile, donde las aguas nacen en la cordillera de los Andes y los ríos drenan el territorio, esa misma agua se encontrará posteriormente en los Alpes, siguiendo una migración fluida. Ese viaje es una de las ideas que impulsa mi trabajo: la continuidad hídrica como biografía común.

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