Australia ha reforzado recientemente sus directrices nacionales sobre la presencia de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) en el agua potable. El National Health and Medical Research Council (NHMRC) ha publicado nuevos niveles de referencia más restrictivos para varios compuestos PFAS —conocidos como «químicos eternos» por su elevada estabilidad y resistencia a la degradación—, en línea con los últimos avances científicos y con las prácticas internacionales más exigentes.
Las PFAS, utilizadas durante décadas en productos como espumas contra incendios o materiales antiadherentes, han generado preocupación por su persistencia en el medioambiente, su potencial toxicidad y los riesgos que representan para la salud. Aunque en Australia los niveles detectados en la red de abastecimiento de agua potable suelen estar por debajo de los umbrales establecidos, el nuevo marco regulatorio responde a la necesidad de reforzar la confianza pública y mejorar la gestión del riesgo acumulativo a largo plazo.
Los nuevos valores de referencia del NHMRC, integrados en la reciente actualización de las Australian Drinking Water Guidelines, se basan en un análisis exhaustivo de estudios internacionales, modelos de evaluación de riesgos y un proceso de consulta pública desarrollado entre 2023 y 2025. Entre otros aspectos, se incorporaron nuevos enfoques metodológicos para calcular la ingesta diaria tolerable, que permitieron ajustar los límites en función de la exposición acumulada a lo largo de la vida.
Estos estándares no son de cumplimiento obligatorio, pero constituyen la referencia oficial para los gobiernos estatales y territoriales, las autoridades sanitarias y los operadores de servicios de agua potable. Entre las principales novedades, se establecen por primera vez límites individuales para sustancias como el PFHxS (30 nanogramos por litro), el PFOA (200 ng/l) y el PFBS (1.000 ng/l). Asimismo, el umbral permitido de PFOS —que hasta ahora se evaluaba de forma combinada con el PFHxS— se reduce de forma drástica hasta los 8 ng/l, frente a los 70 ng/l anteriores.
Esta actualización se alinea con las prioridades estratégicas del país en materia de seguridad hídrica, calidad del agua y resiliencia frente a contaminantes emergentes. En este contexto, se abre una ventana de oportunidad para empresas españolas especializadas en análisis y tratamiento del agua, tecnologías de descontaminación, gestión del ciclo integral del agua o soluciones digitales de monitorización, que pueden aportar valor añadido en un mercado que se refuerza continuamente desde el plano regulatorio y científico.
Desde el sector, la reacción ha sido positiva. Por ejemplo, la Water Services Association of Australia (WSAA), que agrupa a la mayoría de los proveedores urbanos de agua del país, ha respaldado la actualización y ha señalado que muchas redes de abastecimiento ya cumplen con los nuevos valores o están adaptándose para hacerlo. En esta línea, el Gobierno de Nueva Gales del Sur ha confirmado que toda su red de agua potable opera dentro de los umbrales revisados. No obstante, según el NHMRC, las directrices seguirán revisándose a medida que evolucione la evidencia científica, con el objetivo de reforzar la confianza pública en la seguridad del agua potable en Australia y de alinear la regulación nacional con estándares internacionales más exigentes.
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