El año 2024 pasará a la historia climática como un período marcado por extremos. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó recientemente que este ha sido el año más cálido registrado, con temperaturas medias globales que superaron los 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales. Este hito coincide con un incremento notable de los fenómenos climáticos extremos relacionados con el agua, desde inundaciones devastadoras hasta prolongadas sequías. Según el Instituto de Física Atmosférica de la Academia de Ciencias de China, los eventos extremos relacionados con el agua se han intensificado considerablemente en 2024, especialmente en el hemisferio norte, donde lluvias torrenciales, sequías severas y olas de calor han causado estragos. Estos fenómenos reflejan una combinación de factores, entre ellos el impacto del cambio climático y la influencia del evento de El Niño, tal y como señalan en el estudio publicado en Advances in Atmospheric Sciences: «La mayoría de los fenómenos extremos tienen un gran componente aleatorio, ya que están sujetos a fluctuaciones del clima y ocurren cuando los patrones climáticos se configuran de la manera 'adecuada'. Algunos fenómenos extremos son más probables cuando factores de mayor escala, como El Niño, influyen en los patrones climáticos de una región», afirma el Dr. James Risbey de CSIRO, coautor del estudio. Sequías y tormentas en España En 2024, España ha enfrentado fenómenos climáticos extremos que han puesto a prueba su resiliencia hídrica. Durante la primera mitad del año, regiones como Cataluña y Andalucía experimentaron una de las sequías más graves de las últimas décadas. Los eventos extremos relacionados con el agua se han intensificado considerablemente en 2024, especialmente en el hemisferio norte Además, a finales de octubre y principios de noviembre, una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) azotó el Mediterráneo, provocando lluvias torrenciales e inundaciones que dejaron un saldo trágico de fallecidos y significativos daños materiales, especialmente en la zona de Valencia. Estos eventos extremos subrayan la vulnerabilidad de España ante los efectos del cambio climático y la necesidad de fortalecer las infraestructuras y políticas de gestión del agua para mitigar su impacto. Un récord global y sus implicaciones El Servicio de Cambio Climático de Copernicus destacó que 2024 fue el primer año en el que las temperaturas medias globales superaron de manera sostenida los 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, alcanzando 1,63 °C en julio. Este límite, considerado crítico por el Acuerdo de París, evidencia la urgencia de una acción climática más ambiciosa. “Los límites de 1,5 °C o 2 °C establecidos en el Acuerdo de París sobre el cambio climático no se refieren a un único año específico, como ha sucedido en 2024, sino al promedio en un cierto número de años que filtre las oscilaciones anuales debido a fenómenos como El Niño. Lo que realmente importa es evitar que esa cifra se convierta en una nueva norma a largo plazo”, sostiene Ernesto Rodríguez Camino, meteorólogo Superior del Estado y miembro de la Asociación Meteorológica Española. Fuente: OMM. “En España tenemos la impresión de que este año no ha sido particularmente caluroso porque el verano fue más suave que en los dos años anteriores. Sin embargo, a nivel global hemos alcanzado un nuevo récord de 1,5 ºC [de aumento]. El clima sienta las bases sobre las que se asienta toda sociedad: el urbanismo, la industria, el turismo, la agricultura o los bosques, por poner unos ejemplos, dependen del clima en cada zona. El cambio climático, por tanto, afecta a todos estos sectores. Hasta ahora hemos considerado que el nivel de calentamiento seguro, el que no afecta de manera crítica a la sociedad, está en los 2 ºC, una cifra que cada vez está más cerca”, afirma por su parte Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida. Un futuro incierto Las tendencias actuales apuntan a un aumento en la frecuencia e intensidad de los fenómenos climáticos extremos en las próximas décadas. “La evaluación que hoy facilita la OMM demuestra una vez más que el calentamiento global es una realidad irrefutable”, dijo el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres. “Que en años concretos se sobrepase el límite de 1,5 °C no significa que no se pueda alcanzar el objetivo a largo plazo. Significa que tenemos que luchar aún más para encarrilar su consecución. Las temperaturas abrasadoras de 2024 nos obligan a adoptar en 2025 medidas climáticas pioneras», aseveró. «Todavía podemos evitar las peores consecuencias de la catástrofe climática, pero los líderes deben actuar, y deben hacerlo ya”. Esto, no solo pone de relieve la importancia de estrategias de mitigación y adaptación que garanticen la seguridad hídrica y reduzcan los impactos en los sectores más vulnerables, sino que el 2024 deja un mensaje inequívoco: el cambio climático es una realidad presente que transforma los patrones climáticos y desafía la capacidad de respuesta global. La gestión del agua, como recurso esencial, se encuentra en el epicentro de este desafío.
El año 2024 pasará a la historia climática como un período marcado por extremos. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó recientemente que este ha sido el año más cálido registrado, con temperaturas medias globales que superaron los 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales. Este hito coincide con un incremento notable de los fenómenos climáticos extremos relacionados con el agua, desde inundaciones devastadoras hasta prolongadas sequías.
Según el Instituto de Física Atmosférica de la Academia de Ciencias de China, los eventos extremos relacionados con el agua se han intensificado considerablemente en 2024, especialmente en el hemisferio norte, donde lluvias torrenciales, sequías severas y olas de calor han causado estragos. Estos fenómenos reflejan una combinación de factores, entre ellos el impacto del cambio climático y la influencia del evento de El Niño, tal y como señalan en el estudio publicado en Advances in Atmospheric Sciences: «La mayoría de los fenómenos extremos tienen un gran componente aleatorio, ya que están sujetos a fluctuaciones del clima y ocurren cuando los patrones climáticos se configuran de la manera 'adecuada'. Algunos fenómenos extremos son más probables cuando factores de mayor escala, como El Niño, influyen en los patrones climáticos de una región», afirma el Dr. James Risbey de CSIRO, coautor del estudio.
Sequías y tormentas en España
En 2024, España ha enfrentado fenómenos climáticos extremos que han puesto a prueba su resiliencia hídrica. Durante la primera mitad del año, regiones como Cataluña y Andalucía experimentaron una de las sequías más graves de las últimas décadas.
Los eventos extremos relacionados con el agua se han intensificado considerablemente en 2024, especialmente en el hemisferio norte
Además, a finales de octubre y principios de noviembre, una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) azotó el Mediterráneo, provocando lluvias torrenciales e inundaciones que dejaron un saldo trágico de fallecidos y significativos daños materiales, especialmente en la zona de Valencia.
Estos eventos extremos subrayan la vulnerabilidad de España ante los efectos del cambio climático y la necesidad de fortalecer las infraestructuras y políticas de gestión del agua para mitigar su impacto.
Un récord global y sus implicaciones
El Servicio de Cambio Climático de Copernicus destacó que 2024 fue el primer año en el que las temperaturas medias globales superaron de manera sostenida los 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, alcanzando 1,63 °C en julio. Este límite, considerado crítico por el Acuerdo de París, evidencia la urgencia de una acción climática más ambiciosa. “Los límites de 1,5 °C o 2 °C establecidos en el Acuerdo de París sobre el cambio climático no se refieren a un único año específico, como ha sucedido en 2024, sino al promedio en un cierto número de años que filtre las oscilaciones anuales debido a fenómenos como El Niño. Lo que realmente importa es evitar que esa cifra se convierta en una nueva norma a largo plazo”, sostiene Ernesto Rodríguez Camino, meteorólogo Superior del Estado y miembro de la Asociación Meteorológica Española.

Fuente: OMM.
“En España tenemos la impresión de que este año no ha sido particularmente caluroso porque el verano fue más suave que en los dos años anteriores. Sin embargo, a nivel global hemos alcanzado un nuevo récord de 1,5 ºC [de aumento]. El clima sienta las bases sobre las que se asienta toda sociedad: el urbanismo, la industria, el turismo, la agricultura o los bosques, por poner unos ejemplos, dependen del clima en cada zona. El cambio climático, por tanto, afecta a todos estos sectores. Hasta ahora hemos considerado que el nivel de calentamiento seguro, el que no afecta de manera crítica a la sociedad, está en los 2 ºC, una cifra que cada vez está más cerca”, afirma por su parte Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida.
Un futuro incierto
Las tendencias actuales apuntan a un aumento en la frecuencia e intensidad de los fenómenos climáticos extremos en las próximas décadas. “La evaluación que hoy facilita la OMM demuestra una vez más que el calentamiento global es una realidad irrefutable”, dijo el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres. “Que en años concretos se sobrepase el límite de 1,5 °C no significa que no se pueda alcanzar el objetivo a largo plazo. Significa que tenemos que luchar aún más para encarrilar su consecución. Las temperaturas abrasadoras de 2024 nos obligan a adoptar en 2025 medidas climáticas pioneras», aseveró. «Todavía podemos evitar las peores consecuencias de la catástrofe climática, pero los líderes deben actuar, y deben hacerlo ya”.
Esto, no solo pone de relieve la importancia de estrategias de mitigación y adaptación que garanticen la seguridad hídrica y reduzcan los impactos en los sectores más vulnerables, sino que el 2024 deja un mensaje inequívoco: el cambio climático es una realidad presente que transforma los patrones climáticos y desafía la capacidad de respuesta global. La gestión del agua, como recurso esencial, se encuentra en el epicentro de este desafío.


