En ausencia de un nuevo informe del IPCC, cuya próxima entrega no se espera hasta 2029, un amplio consorcio internacional de científicos ha publicado hoy la actualización anual más ambiciosa sobre el estado del sistema climático. Coordinado por el físico climático Piers Forster, el informe Indicators of Global Climate Change 2024, cofirmado por más de un centenar de expertos, aporta una evaluación rigurosa de nueve indicadores clave, incluyendo emisiones de gases de efecto invernadero, desequilibrio energético, concentración atmosférica, calentamiento atribuido a la acción humana y el presupuesto de carbono restante para limitar el aumento de temperatura. El informe señala que el calentamiento inducido por el ser humano ha alcanzado los 1,36 °C respecto a los niveles preindustriales (1850–1900), con una tasa de crecimiento que, entre 2015 y 2024, se ha situado en 0,27 °C por década. Esta velocidad de calentamiento, según los autores, no tiene precedentes en los registros instrumentales y refleja tanto la persistencia de emisiones globales como el debilitamiento del efecto refrigerante de los aerosoles, en parte debido a las normativas más estrictas sobre emisiones industriales y marítimas. La temperatura media observada para el año 2024 se sitúa en 1,52 °C por encima de la era preindustrial, un valor que, aunque ligeramente superior al nivel de calentamiento causado directamente por las actividades humanas, se considera coherente con la variabilidad interna del sistema climático, en particular por la presencia de un episodio de El Niño en el Pacífico y la oscilación multidecadal del Atlántico. El informe señala que el calentamiento inducido por el ser humano ha alcanzado los 1,36 °C respecto a los niveles preindustriales (1850–1900), con una tasa de crecimiento que, entre 2015 y 2024, se ha situado en 0,27 °C por década El análisis confirma que las emisiones totales de gases de efecto invernadero continúan en niveles elevados. Entre 2014 y 2023, el promedio anual fue de 53,6 gigatoneladas de CO₂ equivalente. En 2023, esa cifra aumentó hasta las 55,4 Gt CO₂e, y se estima que en 2024 ha alcanzado las 56,9 Gt CO₂e si se incluyen fuentes adicionales como los incendios forestales y el hundimiento parcial de carbono en la industria del cemento. El crecimiento de las emisiones de metano (CH₄), cuyo poder de calentamiento a corto plazo es considerable, merece especial atención. Las concentraciones atmosféricas de este gas alcanzaron los 1929 ppb en 2024, tras una subida de más de 60 ppb desde 2019. Parte de este aumento se atribuye a fuentes naturales alteradas por el cambio climático, como humedales tropicales, cuya expansión y descomposición acelerada de materia orgánica están generando emisiones significativas no contabilizadas en los inventarios oficiales. El informe dedica un capítulo al desequilibrio energético del planeta, un indicador esencial del estado térmico global. Esta diferencia entre la energía solar absorbida y la irradiada de vuelta al espacio ha seguido aumentando, lo que implica una acumulación constante de calor, especialmente en los océanos, que absorben en torno al 90 % de ese excedente. Entre 2012 y 2024, el desequilibrio medio fue de 0,99 W/m², con un rango de incertidumbre entre 0,70 y 1,28 W/m². Este fenómeno está vinculado no solo a las concentraciones de gases de efecto invernadero, sino también a cambios en la nubosidad, la pérdida de hielo marino y las emisiones de aerosoles. Los autores recuerdan que este tipo de calentamiento acumulado, al margen de la variabilidad interanual de la temperatura superficial, es un indicador más estable del rumbo climático. Nivel del mar y forzamiento radiativo Otra señal del cambio climático es el aumento continuo del nivel medio del mar. Gracias a la integración de datos satelitales y mareográficos, el estudio incluye por primera vez este indicador entre los principales del sistema climático. Aunque las cifras concretas varían según las series, la tendencia ascendente es inequívoca, impulsada por la expansión térmica de los océanos y el deshielo de glaciares y capas de hielo continentales. La pregunta que subyace en este tipo de actualizaciones científicas es si aún es posible limitar el calentamiento global por debajo del umbral de 1,5 °C fijado en el Acuerdo de París En paralelo, el forzamiento radiativo antropogénico —es decir, el efecto neto del conjunto de gases y partículas sobre el balance energético terrestre— ha ascendido a 2,97 W/m² en 2024, frente a los 2,72 W/m² estimados en 2019 por el IPCC. Este incremento responde, en buena medida, a la reducción del forzamiento negativo (enfriamiento) asociado a aerosoles industriales, especialmente óxidos de azufre, cuya disminución resulta de medidas de control de la contaminación. Presupuesto de carbono y umbral de 1,5 °C La pregunta que subyace en este tipo de actualizaciones científicas es si aún es posible limitar el calentamiento global por debajo del umbral de 1,5 °C fijado en el Acuerdo de París. Aunque el estudio evita hacer proyecciones normativas, actualiza el presupuesto de carbono restante compatible con ese objetivo. En el escenario más conservador, el mundo dispone de unos 200 gigatoneladas de CO₂ para emitir con un 50 % de probabilidad de no superar ese límite, lo que implicaría, al ritmo actual de emisiones, menos de cuatro años de margen. Los autores insisten en que el objetivo del informe no es anticipar futuros inevitables, sino ofrecer una base empírica sólida para que las decisiones políticas puedan apoyarse en evidencias actualizadas. La publicación, que sigue la metodología del Grupo de Trabajo I del IPCC, permite además detectar con antelación posibles desviaciones respecto a los escenarios de mitigación. En ese sentido, el informe se convierte en una herramienta de vigilancia científica para una década en la que —como ellos mismos subrayan— se decidirá la trayectoria térmica del planeta a largo plazo.
En ausencia de un nuevo informe del IPCC, cuya próxima entrega no se espera hasta 2029, un amplio consorcio internacional de científicos ha publicado hoy la actualización anual más ambiciosa sobre el estado del sistema climático. Coordinado por el físico climático Piers Forster, el informe Indicators of Global Climate Change 2024, cofirmado por más de un centenar de expertos, aporta una evaluación rigurosa de nueve indicadores clave, incluyendo emisiones de gases de efecto invernadero, desequilibrio energético, concentración atmosférica, calentamiento atribuido a la acción humana y el presupuesto de carbono restante para limitar el aumento de temperatura.
El informe señala que el calentamiento inducido por el ser humano ha alcanzado los 1,36 °C respecto a los niveles preindustriales (1850–1900), con una tasa de crecimiento que, entre 2015 y 2024, se ha situado en 0,27 °C por década. Esta velocidad de calentamiento, según los autores, no tiene precedentes en los registros instrumentales y refleja tanto la persistencia de emisiones globales como el debilitamiento del efecto refrigerante de los aerosoles, en parte debido a las normativas más estrictas sobre emisiones industriales y marítimas.
La temperatura media observada para el año 2024 se sitúa en 1,52 °C por encima de la era preindustrial, un valor que, aunque ligeramente superior al nivel de calentamiento causado directamente por las actividades humanas, se considera coherente con la variabilidad interna del sistema climático, en particular por la presencia de un episodio de El Niño en el Pacífico y la oscilación multidecadal del Atlántico.
El informe señala que el calentamiento inducido por el ser humano ha alcanzado los 1,36 °C respecto a los niveles preindustriales (1850–1900), con una tasa de crecimiento que, entre 2015 y 2024, se ha situado en 0,27 °C por década
El análisis confirma que las emisiones totales de gases de efecto invernadero continúan en niveles elevados. Entre 2014 y 2023, el promedio anual fue de 53,6 gigatoneladas de CO₂ equivalente. En 2023, esa cifra aumentó hasta las 55,4 Gt CO₂e, y se estima que en 2024 ha alcanzado las 56,9 Gt CO₂e si se incluyen fuentes adicionales como los incendios forestales y el hundimiento parcial de carbono en la industria del cemento.
El crecimiento de las emisiones de metano (CH₄), cuyo poder de calentamiento a corto plazo es considerable, merece especial atención. Las concentraciones atmosféricas de este gas alcanzaron los 1929 ppb en 2024, tras una subida de más de 60 ppb desde 2019. Parte de este aumento se atribuye a fuentes naturales alteradas por el cambio climático, como humedales tropicales, cuya expansión y descomposición acelerada de materia orgánica están generando emisiones significativas no contabilizadas en los inventarios oficiales.

El informe dedica un capítulo al desequilibrio energético del planeta, un indicador esencial del estado térmico global. Esta diferencia entre la energía solar absorbida y la irradiada de vuelta al espacio ha seguido aumentando, lo que implica una acumulación constante de calor, especialmente en los océanos, que absorben en torno al 90 % de ese excedente.
Entre 2012 y 2024, el desequilibrio medio fue de 0,99 W/m², con un rango de incertidumbre entre 0,70 y 1,28 W/m². Este fenómeno está vinculado no solo a las concentraciones de gases de efecto invernadero, sino también a cambios en la nubosidad, la pérdida de hielo marino y las emisiones de aerosoles. Los autores recuerdan que este tipo de calentamiento acumulado, al margen de la variabilidad interanual de la temperatura superficial, es un indicador más estable del rumbo climático.
Nivel del mar y forzamiento radiativo
Otra señal del cambio climático es el aumento continuo del nivel medio del mar. Gracias a la integración de datos satelitales y mareográficos, el estudio incluye por primera vez este indicador entre los principales del sistema climático. Aunque las cifras concretas varían según las series, la tendencia ascendente es inequívoca, impulsada por la expansión térmica de los océanos y el deshielo de glaciares y capas de hielo continentales.
La pregunta que subyace en este tipo de actualizaciones científicas es si aún es posible limitar el calentamiento global por debajo del umbral de 1,5 °C fijado en el Acuerdo de París
En paralelo, el forzamiento radiativo antropogénico —es decir, el efecto neto del conjunto de gases y partículas sobre el balance energético terrestre— ha ascendido a 2,97 W/m² en 2024, frente a los 2,72 W/m² estimados en 2019 por el IPCC. Este incremento responde, en buena medida, a la reducción del forzamiento negativo (enfriamiento) asociado a aerosoles industriales, especialmente óxidos de azufre, cuya disminución resulta de medidas de control de la contaminación.
Presupuesto de carbono y umbral de 1,5 °C
La pregunta que subyace en este tipo de actualizaciones científicas es si aún es posible limitar el calentamiento global por debajo del umbral de 1,5 °C fijado en el Acuerdo de París. Aunque el estudio evita hacer proyecciones normativas, actualiza el presupuesto de carbono restante compatible con ese objetivo. En el escenario más conservador, el mundo dispone de unos 200 gigatoneladas de CO₂ para emitir con un 50 % de probabilidad de no superar ese límite, lo que implicaría, al ritmo actual de emisiones, menos de cuatro años de margen.
Los autores insisten en que el objetivo del informe no es anticipar futuros inevitables, sino ofrecer una base empírica sólida para que las decisiones políticas puedan apoyarse en evidencias actualizadas. La publicación, que sigue la metodología del Grupo de Trabajo I del IPCC, permite además detectar con antelación posibles desviaciones respecto a los escenarios de mitigación. En ese sentido, el informe se convierte en una herramienta de vigilancia científica para una década en la que —como ellos mismos subrayan— se decidirá la trayectoria térmica del planeta a largo plazo.


