La escasez de agua, una amenaza socio-ambiental tanto para actividades humanas como para ecosistemas, afecta a grandes regiones del planeta. Sin embargo, suelen ser las poblaciones más vulnerables y desfavorecidas las que sufren más las consecuencias, lo que pone de relieve el papel que tienen fa...
La escasez de agua, una amenaza socio-ambiental tanto para actividades humanas como para ecosistemas, afecta a grandes regiones del planeta. Sin embargo, suelen ser las poblaciones más vulnerables y desfavorecidas las que sufren más las consecuencias, lo que pone de relieve el papel que tienen factores económicos e institucionales en la escasez de agua. Así pues, los investigadores normalmente tienen en cuenta no solo las limitaciones del medio físico si no también otros condicionantes de tipo socioeconómico.
La agricultura, que supone el 90% del consumo global de agua, es el principal factor determinante de la escasez de agua en todo el mundo. En un reciente estudio publicado en Science Advances, el profesor Paolo D’Odorico y el doctorando Lorenzo Rosa, de la Universidad de California en Berkeley, investigan la escasez de agua en zonas agrícolas a nivel global junto con otros científicos del Politécnico de Milano y la Universidad de Ámsterdam.
En su análisis, los autores distinguen entre factores físicos y sociales que limitan el acceso al agua. Rosa explica que, aunque parte de la escasez se debe a la insuficiente disponibilidad de agua en el medio ambiente físico, existe escasez de agua “económica” cuando sí hay recursos hídricos disponibles, pero la falta de capacidad económica e institucional limita la capacidad de la sociedad para usarlos.
Los investigadores han cuantificado el agua utilizada para el riego agrícola con modelos informáticos, para determinar la cantidad óptima de agua necesaria en condiciones normales. Posteriormente, han utilizado modelos hidrológicos para comparar la demanda de agua con la disponibilidad, medir la escasez y determinar en qué regiones del mundo podría aumentar la disponibilidad de agua.
Los resultados muestran que hay suficiente agua a nivel local para expandir el regadío en más de 140 millones de hectáreas de superficie agrícola. Sin embargo, por razones socioeconómicas, no existe infraestructura para el riego de esa superficie cultivada. Según los autores, dicha expansión podría tener importantes implicaciones en un escenario de cambio climático. D’Odorico opina que la expansión sostenible del regadío en zonas con escasez de agua de índole económica puede ser una importante estrategia de adaptación al cambio climático, ya que contribuiría a la seguridad y resiliencia de la producción agrícola.
Dos tercios de las zonas aptas para la expansión del regadío se encuentran en África Sub-Sahariana, Europa del Este, y Asia Central, donde podría aumentarse la producción agrícola para alimentar a otros 800 millones de personas.
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