La Universitat Oberta de Catalunya (UOC) ha difundido una investigación que pone el foco en un vínculo poco visibilizado en las políticas urbanas: el papel del acceso al agua segura como herramienta clave de adaptación de los hogares ante el calor extremo en un contexto de emergencia climática. El artículo sostiene que esta seguridad hídrica “no es universal” en el norte global y que esa brecha se traduce en capacidades desiguales para protegerse de las altas temperaturas.
El estudio, publicado en acceso abierto en la revista npj Urban Sustainability (grupo Nature), está liderado por Hug March, investigador principal y corresponsable de TURBA Lab (UOC-TRÀNSIC), y ha contado con la participación de investigadores del King’s College London y de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).
En el texto, el investigador insiste en que “El agua es una herramienta vital, pero poco reconocida, para la adaptación de los hogares al calor extremo, especialmente para quienes no pueden costear el aire acondicionado”. Y concreta por qué: el agua no solo interviene en la hidratación, sino también en la refrigeración corporal. En esa línea, añade que “El acceso al agua es el 'aire acondicionado' de los colectivos más vulnerables socioeconómicamente, ya que juega un papel fundamental no solo en la hidratación, sino también como mecanismo de refrigeración del cuerpo”.
La investigación identifica además lo que denomina “pobreza de refrigeración sistémica”, una situación que afecta a hogares con bajos ingresos o en condiciones de vulnerabilidad, donde la falta de recursos limita el uso de sistemas como el aire acondicionado y obliga a depender del agua como principal mecanismo de alivio térmico. En este contexto, el estudio explica que la presión económica puede llevar a restringir consumos cotidianos. “La presión financiera obliga a hogares vulnerables a autolimitar su consumo de agua, como duchas más cortas, priorizando el ahorro sobre el alivio térmico”, señala March. El investigador concluye que “ignorar la seguridad hídrica puede comprometer la adaptación al calor extremo por parte de los colectivos socioeconómicamente más vulnerables y profundizar aún más las desigualdades sociales y espaciales en las ciudades”.
Para los autores, integrar la seguridad hídrica en las políticas urbanas es imprescindible. En este sentido, defienden la necesidad de avanzar hacia una “agenda de justicia térmica” que incorpore el acceso al agua como un pilar básico de las estrategias de adaptación al calor crónico y extremo, reduciendo así las desigualdades sociales y espaciales en un contexto de emergencia climática: “Una agenda de justicia térmica transformadora debe integrar la seguridad hídrica como pilar fundamental, ya que, sin agua segura, asequible y confiable, la capacidad de adaptarse al calor crónico y extremo se ve fundamentalmente comprometida y profundiza las desigualdades sociales y espaciales existentes, particularmente entre las poblaciones urbanas vulnerables”.