Ya es posible predecir el efecto de las futuras sequías estivales en la flora

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A pesar de que este verano en Dinamarca no ha faltado la lluvia, un equipo de científicos de este país prevé que en 2075 el aumento de las temperaturas globales provocará más sequías estivales, con su consiguiente efecto negativo en la flora.

El equipo de científicos del consorcio CLIMAITE («Efectos del cambio climático en los procesos biológicos en ecosistemas terrestres»), cuyo objetivo principal es investigar la influencia de los cambios climáticos en los procesos biológicos y los ecosistemas naturales, publicó sus descubrimientos en la revista Global Change Biology. 

El grupo CLIMAITE está compuesto por científicos de tres instituciones científicas danesas: la Risø DTU (Universidad Técnica de Dinamarca) de Roskilde, la Facultad de Ciencias de la Vida de la Universidad de Copenhague (KU LIFE) y el Instituto Nacional de Investigación Medioambiental (NERI) de la Universidad de Aarhus. 

Estos resultados obtenidos por el proyecto son hasta cierto punto sorprendentes, pues a pesar del aumento previsto del crecimiento vegetal debido a una mayor concentración de CO2 en la atmósfera, cuando se suman a la ecuación un incremento de las temperaturas y las sequías estivales, el crecimiento vegetal se frena. 

Estos resultados contrastan con hallazgos científicos anteriores que apuntaban a que un aumento del CO2 atmosférico puede favorecer el crecimiento vegetal. Pero en condiciones de sequía, los posibles factores de crecimiento como mayores temperaturas y CO2 limitan el crecimiento vegetal por CO2 de forma significativa. 

«Cuando anteriormente se ha observado un crecimiento vegetal bastante mayor ante concentraciones de CO2 elevadas, suele deberse a que ha sido en estudios controlados en los que sólo se modificó la concentración de CO2. En esencia planteamos la teoría de que hay que observar en conjunto las distintas variables climáticas, puesto que las plantas en el futuro estarán expuestas a múltiples cambios simultáneos», comentó Klaus Steenberg Larsen de la Risø DTU y autor principal del estudio. 

Para alcanzar dichas conclusiones, los científicos del consorcio CLIMAITE realizaron una prueba de campo que dio un gran impulso a la investigación al ampliar los conocimientos obtenidos en estudios anteriores, restringidos al laboratorio. Las manipulaciones climáticas aún se realizan mediante cambios en el CO2, la temperatura y la precipitación, por ejemplo mediante chorros de CO2 y cortinas para proteger el experimento de la lluvia. 

«Hemos organizado el experimento de tal manera que ciertas parcelas estuvieran expuestas a una mayor concentración de CO2, calor o sequía estival por separado y otras parcelas quedaran expuestas a todas las combinaciones posibles de estas tres variables climáticas. De esta forma podemos averiguar el efecto de cada variable climática y sus combinaciones en el ecosistema», comentó Klaus Steenberg Larsen. 

Estos experimentos se realizaron en un emplazamiento de formación militar cerca de Jægerspris. Ahí se ha construido una instalación en la que se pueden llevar a cabo experimentos a escala de campo con una mayor concentración de CO2 utilizando la técnica llamada FACE (enriquecimiento de CO2 al aire libre). Este método es empleado por ecologistas y botanistas para aumentar la concentración de CO2 en una zona concreta y así medir la influencia en el crecimiento vegetal. 

Pudieron aumentar la temperatura del suelo en aproximadamente un grado mediante una técnica denominada calentamiento nocturno pasivo y lograron manipular las condiciones de sequía o fuerte precipitación mediante el empleo de persianas durante periodos de entre cuatro y seis semanas en época estival. 

«Medimos aspectos como el nitrógeno en la precipitación, los vegetales, la fauna del suelo, los microbios y la humedad del suelo. El nitrógeno suele ser un factor limitante del crecimiento vegetal y absolutamente esencial para la respuesta de los ecosistemas ant el cambio climático. Los resultados recogidos en el artículo se refieren a los años 2006 y 2007, pero el experimento seguirá en marcha hasta 2014. Aún así se tarda tiempo en recopilar los resultados de las entre veinte y treinta personas dedicadas a interpretar y analizar los datos obtenidos de los distintos tipos de equipo instalados. No obstante, podemos observar con claridad que la sequedad del suelo ejerce un impacto considerablemente negativo en la producción de nitrógeno, y por tanto en el posible crecimiento vegetal, incluso en aquellas zonas expuestas a una temperatura y una concentración de CO2 mayores.»

Fuente: http://cordis.europa.eu/

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