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Todo lo susceptible de empeorar, empeora

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  • Todo lo susceptible empeorar, empeora

Sobre el blog

Juan Mateo Horrach Torrens
Ingeniero Industrial por la ETSEIB, UPC. M.B.A. por IESE. Postgrado en Inversión y financiación UPM. Ingeniero Industrial del Servicio de Residuos del Consell de Mallorca en excedencia. Ingeniero consultor.
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El pasado verano publicamos un artículo titulado “Camino a la perdición", en el que tratábamos de poner de manifiesto los grandes déficits en materia de ciclo del agua de nuestra Comunidad, y los todavía mayores, en materia de capacidad de gestión, o, si les gusta más, de gobernanza.

El detonante de dicho artículo eran los repetidos episodios de cierre de playas cercanas a la capital, Palma de Mallorca, debidos a vertidos sin depurar de aguas residuales durante el verano de 2.018.

Lamentablemente, como era de prever, los cierres han vuelto periódicamente desde entonces, como pueden ver en la imagen del periódico Última Hora que ilustra este artículo, y la situación no ha mejorado. Antes bien, ha seguido su senda descendente hacia los infiernos propios de las sociedades poco desarrolladas, con las que pensábamos no tener que compararnos ya más. Y es que ya lo decía Einstein: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes.”

En primavera ya vimos algunos cierres de playas, y ahora, en plena temporada alta, con un calor superior a la media, han vuelto, a la primera tormenta.

No vamos a reiterar lo ya dicho anteriormente en el citado artículo. Lo cierto es que, mientras tanto, la ecotasa no se ha visto rebajada en su cuantía, ni el canon de saneamiento ha reducido su tasa, a pesar de los deficientes servicios ambientales que presta nuestra administración autonómica y local, y no tenemos ninguna prueba ni indicio de que la gobernanza mejore.

La cuestión clave es que cada día que pasa se produce un mayor deterioro de nuestro medio natural

Es cierto, ha habido elecciones y se han producido algunos cambios; están encantados de haberse conocido, y convencidos de su buena gestión. La realidad es que las primeras declaraciones no animan al optimismo. Todo se solucionará cuando el gobierno central haga las obras que debe hacer. En otras palabras: la culpa no es nuestra; es de “Madrid”. Y mientras tanto, resignación y esperar. Ningún comentario sobre que ese mismo gobierno central está esperando desde hace años a que se definan adecuadamente los proyectos para su efectiva ejecución (Ibiza, Palma, Zona costera de Muro y Santa Margalida, Addaia…), todos ellos con un retraso medible en décadas, por falta de concreción del Gobierno de las islas Baleares. Ningún comentario tampoco sobre la falta de aplicación de buena parte de los recursos del canon de saneamiento (100 millones al año)…al saneamiento. En efecto, en los últimos quince años, apenas ha llegado al 50% de lo recaudado, a pesar de una sustanciosa subida entre medias. El resto de la recaudación, dedicado a otros menesteres. Cierto que una parte de lo recaudado por la ecotasa se ha destinado al ciclo del agua los últimos dos años, pero esa inversión no alcanza si quiera a cubrir una parte del déficit que genera el propio gobierno autonómico con la recaudación del canon no invertida en saneamiento, y es escasa en términos absolutos, frente a las necesidades reales. Por supuesto, ningún comentario sobre nuevas fórmulas de financiación, de actuaciones inmediatas para mitigar los problemas, mientras llega “Madrid”. Por otra parte, “Madrid” solamente llega a las obras declaradas de interés general ya citadas. ¿Y el resto, la gran mayoría en términos cuantitativos, que no están incluidas, y son responsabilidad 100 % autonómica? Porque su estado es igual o peor que las del Gobierno central.

La cuestión clave es que cada día que pasa se produce un mayor deterioro de nuestro medio natural. La mayor parte de las plantas de tratamiento no funcionan correctamente durante por lo menos una buena parte del año. La calidad del agua de salida no se ajusta a los parámetros de diseño ni a los parámetros de las autorizaciones de vertido. Periódicamente podemos ver quejas de agricultores, ecologistas, campos de golf, usuarios de playas, o fondos marinos, que ponen de manifiesto, incluso de forma gráfica, la calidad real de los efluentes o vertidos y el estado del agua.

La bahía de Palma sigue asediada por los vertidos de los emisarios submarinos, dando lugar a una progresiva pérdida de calidad y de las praderas de posidonia. Otra playa en un tiempo anterior de una calidad del agua extraordinaria, Aucanada, en la bahía de Alcúdia, ha pasado a una calidad regular, también bajo los efectos de la continua recepción del vertido de las aguas residuales procedente del emisario submarino. Ibiza, Formentera y Menorca tampoco se libran de esta auténtica plaga de emisarios submarinos, que empobrece la antaño prístina transparencia de nuestras aguas y arrasa con la posidonia con mucha mayor intensidad que las embarcaciones.

Por lo que respecta a suministro del agua potable, tampoco ha habido variaciones notorias, lo que hace que el diagnóstico se mantenga: No tenemos agua potable en muchos municipios de las islas. De ello se ha hecho eco el propio Parlamento Balear, para, a continuación, seguir como siempre. Ninguna medida seria al respecto.

Es imprescindible poner el ciclo del agua en la cabecera de prioridades de la administración, en manos capacitadas, con imaginación y visión global

Y de las pluviales, origen en muchos casos de los problemas de vertido incontrolado, visto lo anterior, qué les voy a contar. Simplemente “No sabe, no contesta”.

En resumen, estamos en una situación que podría calificarse, sin temor a alarmismos, de emergencia.

Si el año pasado se achacaban los fallos a que estábamos batiendo récords de visitantes, y, claro, esto no podía preverse, en una Comunidad líder mundial en turismo de sol y playa, que lleva décadas recibiendo visitantes de forma creciente, y con una Conselleria dedicada en exclusiva a la materia, resulta que, este año, hasta hoy, las cifras de visitantes han bajado, pero las cosas siguen igual o peor. Y es que es obvio que el problema no está en los visitantes. Este es un dato que conocemos de sobra, y desde hace años. El asunto se define en una sola palabra: Incompetencia. Somos incompetentes, porque estamos hablando de la resolución de un problema que técnicamente puede resolverse de múltiples formas, y financieramente, también.

Dado que pensamos que las Baleares deben ser un destino turístico que se diferencie por su oferta de alto valor añadido en diversos ámbitos (ambiental, cultural, paisajístico, gastronómico, deportivo, de aplicaciones avanzadas para el visitante), y no por su bajo precio, no deberíamos preocuparnos si una parte de los visitantes que llegaban por precio, eligen ahora otros destinos más económicos.

Ahora bien, sí que debemos exigir una capacidad de gestión acorde con ese nivel de excelencia que pensamos podemos alcanzar, y que, por supuesto, nuestras autoridades reiteran hasta la saciedad.

Es imprescindible poner el ciclo del agua en la cabecera de prioridades de la administración, en manos capacitadas, con imaginación y visión global. No podemos renunciar a nuestra propia capacidad e inteligencia, a la espera de que nos resuelvan el problema desde fuera, y darles la culpa si no lo hacen. Nadie nos resolverá nuestros problemas. Debemos actuar ya, aplicando los recursos del canon al 100%, los recursos de la ecotasa al 100%, la colaboración público-privada en la financiación y en la construcción y explotación, con medidas a corto plazo capaces de reducir las graves deficiencias actuales, y, a la vez, con un plan a medio plazo (ahora no tenemos plan, ni a corto, ni a medio, ni a largo) que vuelva a posicionar el ciclo del agua en Baleares de forma destacada, concordante con lo que representamos como Comunidad. En caso contrario, vamos a perder (estamos perdiendo) capacidad de competir como destino turístico de primer nivel, y, lo que es peor, vamos a perder nuestro mayor tesoro; el entorno natural privilegiado que tenemos.

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