La nueva edición del Índice del Agua de Kemira 2025 analiza la resiliencia hídrica en diez países europeos y seis estados de Estados Unidos. Los resultados sitúan a España en la parte baja del ranking europeo, con indicadores que reflejan carencias estructurales en preparación, inversión y cultura de ahorro. El estudio, elaborado por la compañía química finlandesa Kemira, analiza las percepciones y hábitos de más de 10.000 personas en diez países europeos y seis estados de EE. UU. Su conclusión principal es clara: la preparación ciudadana y la inversión en infraestructuras siguen muy por detrás de la magnitud del desafío climático. Fuente: Kemira. Falta de preparación ante emergencias y cultura de prevención Según los resultados, solo el 5 % de los ciudadanos a nivel global dispone de un plan de emergencia o una fuente alternativa de agua, una cifra que en Europa desciende al 4 %. En un país como España, con reservas hídricas en mínimos históricos en varias cuencas y una exposición creciente a sequías prolongadas, esta falta de previsión individual puede agravar las consecuencias de los eventos extremos. Kemira advierte que la resiliencia del agua no depende únicamente de la gestión institucional o tecnológica, sino también de la capacidad de anticipación de la ciudadanía. La ausencia de planes locales o domésticos de contingencia, señala el informe, puede “convertirse en un riesgo sistémico” cuando los sistemas de suministro fallan o las infraestructuras se ven sobrecargadas. La brecha entre la conciencia ambiental y la acción concreta es otro de los factores que limitan el avance. Aunque el 91 % de los encuestados expresa preocupación por el impacto del cambio climático, más de un tercio no monitoriza el consumo doméstico de agua, y casi la mitad (47 %) admite no saber qué significa “resiliencia hídrica”. Este déficit de conocimiento, advierte el estudio, dificulta la adopción de hábitos sostenibles y la implicación ciudadana en la gestión del recurso. Inversión insuficiente y envejecimiento de infraestructuras El informe también pone el foco en el deterioro de las infraestructuras hídricas, un reto que España comparte con buena parte de Europa. Solo el 17 % de los europeos valora de forma positiva la calidad de sus redes locales de abastecimiento y saneamiento. Además, la confianza en la planificación gubernamental es baja: según el Índice, el 84 % de los españoles considera que su país “debería mejorar” o “lo está haciendo mal” en la preparación frente a los desafíos futuros del agua. En el conjunto europeo, el 76 % de los encuestados comparte esta percepción de insuficiencia en la planificación ante riesgos como inundaciones o sequías, mientras que en Estados Unidos la cifra alcanza el 64 %. Fuente: Kemira. A esto se suma la resistencia a nuevos modelos tarifarios: apenas el 11 % de los europeos estaría dispuesto a pagar más por garantizar un suministro más seguro y resiliente. Esta combinación de infraestructuras envejecidas, financiación limitada y escaso margen social para subir tarifas representa una amenaza directa a la sostenibilidad del sistema hídrico. El informe defiende la necesidad de impulsar modelos de inversión estables, orientados a la renovación de redes, la reducción de pérdidas y la mejora de la eficiencia operativa, junto con políticas que refuercen la transparencia y la confianza de los usuarios. Asimismo, el estudio advierte de que la resiliencia hídrica también implica anticiparse a los contaminantes emergentes. Menos del 30 % de los encuestados identifica los PFAS, las denominadas “sustancias eternas”, como un riesgo prioritario, pese a su creciente presencia en aguas superficiales y subterráneas. Kemira subraya que la vigilancia de estos compuestos debe ser una prioridad en las estrategias nacionales de tratamiento y control. Fuente: Kemira. España ante la urgencia de modernizar su modelo hídrico En un país donde la gestión del agua está cada vez más condicionada por la variabilidad climática y la presión sobre los recursos, el Índice del Agua de Kemira 2025 refuerza una necesidad ya conocida por el sector español: acelerar la modernización de las infraestructuras, la digitalización del ciclo urbano y la educación ciudadana en materia hídrica, tal y como expusieron los principales CEO en Spain Smart Water Summit el pasado mes de septiembre. La resiliencia hídrica no puede depender únicamente de la reacción ante la crisis, sino de la planificación a largo plazo y la colaboración entre administraciones, operadores, sector privado y ciudadanía. De no abordarse de forma integral, España corre el riesgo de ver comprometida su seguridad hídrica en la próxima década.
La nueva edición del Índice del Agua de Kemira 2025 analiza la resiliencia hídrica en diez países europeos y seis estados de Estados Unidos. Los resultados sitúan a España en la parte baja del ranking europeo, con indicadores que reflejan carencias estructurales en preparación, inversión y cultura de ahorro.
El estudio, elaborado por la compañía química finlandesa Kemira, analiza las percepciones y hábitos de más de 10.000 personas en diez países europeos y seis estados de EE. UU. Su conclusión principal es clara: la preparación ciudadana y la inversión en infraestructuras siguen muy por detrás de la magnitud del desafío climático.

Fuente: Kemira.
Falta de preparación ante emergencias y cultura de prevención
Según los resultados, solo el 5 % de los ciudadanos a nivel global dispone de un plan de emergencia o una fuente alternativa de agua, una cifra que en Europa desciende al 4 %. En un país como España, con reservas hídricas en mínimos históricos en varias cuencas y una exposición creciente a sequías prolongadas, esta falta de previsión individual puede agravar las consecuencias de los eventos extremos.
Kemira advierte que la resiliencia del agua no depende únicamente de la gestión institucional o tecnológica, sino también de la capacidad de anticipación de la ciudadanía. La ausencia de planes locales o domésticos de contingencia, señala el informe, puede “convertirse en un riesgo sistémico” cuando los sistemas de suministro fallan o las infraestructuras se ven sobrecargadas.
La brecha entre la conciencia ambiental y la acción concreta es otro de los factores que limitan el avance. Aunque el 91 % de los encuestados expresa preocupación por el impacto del cambio climático, más de un tercio no monitoriza el consumo doméstico de agua, y casi la mitad (47 %) admite no saber qué significa “resiliencia hídrica”. Este déficit de conocimiento, advierte el estudio, dificulta la adopción de hábitos sostenibles y la implicación ciudadana en la gestión del recurso.
Inversión insuficiente y envejecimiento de infraestructuras
El informe también pone el foco en el deterioro de las infraestructuras hídricas, un reto que España comparte con buena parte de Europa. Solo el 17 % de los europeos valora de forma positiva la calidad de sus redes locales de abastecimiento y saneamiento.
Además, la confianza en la planificación gubernamental es baja: según el Índice, el 84 % de los españoles considera que su país “debería mejorar” o “lo está haciendo mal” en la preparación frente a los desafíos futuros del agua. En el conjunto europeo, el 76 % de los encuestados comparte esta percepción de insuficiencia en la planificación ante riesgos como inundaciones o sequías, mientras que en Estados Unidos la cifra alcanza el 64 %.

Fuente: Kemira.
A esto se suma la resistencia a nuevos modelos tarifarios: apenas el 11 % de los europeos estaría dispuesto a pagar más por garantizar un suministro más seguro y resiliente.
Esta combinación de infraestructuras envejecidas, financiación limitada y escaso margen social para subir tarifas representa una amenaza directa a la sostenibilidad del sistema hídrico. El informe defiende la necesidad de impulsar modelos de inversión estables, orientados a la renovación de redes, la reducción de pérdidas y la mejora de la eficiencia operativa, junto con políticas que refuercen la transparencia y la confianza de los usuarios.
Asimismo, el estudio advierte de que la resiliencia hídrica también implica anticiparse a los contaminantes emergentes. Menos del 30 % de los encuestados identifica los PFAS, las denominadas “sustancias eternas”, como un riesgo prioritario, pese a su creciente presencia en aguas superficiales y subterráneas. Kemira subraya que la vigilancia de estos compuestos debe ser una prioridad en las estrategias nacionales de tratamiento y control.

Fuente: Kemira.
España ante la urgencia de modernizar su modelo hídrico
En un país donde la gestión del agua está cada vez más condicionada por la variabilidad climática y la presión sobre los recursos, el Índice del Agua de Kemira 2025 refuerza una necesidad ya conocida por el sector español: acelerar la modernización de las infraestructuras, la digitalización del ciclo urbano y la educación ciudadana en materia hídrica, tal y como expusieron los principales CEO en Spain Smart Water Summit el pasado mes de septiembre.
La resiliencia hídrica no puede depender únicamente de la reacción ante la crisis, sino de la planificación a largo plazo y la colaboración entre administraciones, operadores, sector privado y ciudadanía. De no abordarse de forma integral, España corre el riesgo de ver comprometida su seguridad hídrica en la próxima década.


