En el mundo del agua urbana, 2025 podría pasar a la historia como «el año después de la DANA», «el año del apagón», «el año de la TARU» o «el año del PERTE». Pero prefiero quedarme con «el año 1 de DAQUAS», la nueva asociación del sector, que toma el testigo de AEAS y AGA, y que reúne a más del 85% de los actores que operan en España.
El XVIII Estudio Nacional DAQUAS 2025, que presentamos a finales del año pasado, refleja una alta satisfacción de los usuarios, que perciben que el agua de grifo es de gran calidad y que el servicio recibido cubre todas sus expectativas como servicio público.
Pero el Estudio presenta retos que debemos afrontar en 2026 y en años sucesivos: el déficit de inversión; la obsolescencia de muchas infraestructuras, especialmente las de distribución; los desafíos que plantea la TARU, con unos plazos difíciles de cumplir; o una tarifa claramente deficitaria y que no contempla el componente de inversión.
Además, el Estudio presenta una fotografía del sector, donde conviven fórmulas de gestión del agua tanto públicas como privadas, garantizando en todos los casos el mejor servicio al ciudadano. Este es un valor que tenemos que conservar y defender por encima de todo.
Sin embargo, durante el año que acaba de terminar, hemos asistido perplejos a situaciones en las que, desde algunos departamentos de la administración, sin experiencia en la gestión del ciclo urbano del agua, se está intentando acceder al mismo, para sustituir lo que desde hace tiempo vienen haciendo de forma muy eficiente muchas empresas de nuestro país.
Es necesario que las ayudas no se limiten a cuestiones estrictamente digitales, sino que contemplen también la renovación de infraestructuras
Desde nuestro punto de vista, se trata de actuaciones que bordean el límite de la competencia leal y que deberían ser corregidas de forma inmediata por sus promotores. La administración pública debe ser un elemento que actúe en casos en los que el sector privado no pueda entrar, pero en aquellos sectores donde la iniciativa privada está capacitada para hacer su trabajo de forma eficaz, debería dejar que sean los mecanismos de competencia entre empresas los que mejoren progresivamente el servicio al ciudadano.
Por supuesto, no nos referimos a empresas públicas que desde hace años gestionan con éxito el servicio urbano del agua. Hablamos de empresas instrumentales de algunas administraciones, que, sin experiencia en el ciclo del agua urbana, están tratando de entrar en él y convertirse en medio propio de algunos ayuntamientos, para sustituir la gestión que venían realizando empresas especializadas del sector.
Otro aspecto destacable de este año, que se prolongará hasta junio de 2026, ha sido la experiencia en la gestión de los PERTE. Aunque hemos manifestado reiteradamente al MITECO que será muy difícil que se puedan cumplir los plazos y finalizar todas las inversiones antes de julio, debemos sacar algunas conclusiones muy positivas en este campo y tomar nota de otras para el futuro.
Sin duda, el haber gestionado estas ayudas directamente a través de los operadores, ha sido uno de los factores de su éxito. El sector ha presentado proyectos por más de 2.500 M€, superando ampliamente la disponibilidad de fondos. Por ello, la administración debería tener en cuenta esta experiencia para futuras convocatorias similares.
Además, estas ayudas han permitido realizar inversiones en el entorno de la digitalización, que, evidentemente, han mejorado los índices de eficiencia hidráulica.
Pero es necesario que las ayudas no se limiten a cuestiones estrictamente digitales, sino que contemplen también la renovación de infraestructuras, que sin duda son el talón de Aquiles de nuestro sector. Los miles de kilómetros de tuberías que recorren nuestro país están en una situación muy preocupante y acometer su renovación es una prioridad que no podemos dejar atrás.
2025 acabó en plena efervescencia y con muchos frentes abiertos. Este 2026 será también apasionante, y desde DAQUAS seguiremos apostando y apoyando al sector.