Un estudio reciente del proyecto WaterLANDS, financiado por la Unión Europea, revela que solo el 7 % de las turberas originales de Europa siguen existiendo. Además, se prevé que el cambio climático afecte severamente su funcionamiento, siendo la conservación y restauración más efectivas en las regiones frías y húmedas del norte de Escandinavia, Irlanda y Escocia, así como en áreas montañosas.
Por qué son vitales las turberas
Las turberas tienen condiciones de saturación hídrica que ralentizan la descomposición de las plantas, lo que lleva a la acumulación de turba, una capa de materia orgánica. Aunque estos ecosistemas cubren menos del 3 % de la superficie terrestre, tienen la capacidad de almacenar el doble de carbono que los bosques globales. Su conservación es esencial para evitar la liberación de grandes cantidades de carbono a la atmósfera. Dado que el cambio climático está alterando las fronteras de los ecosistemas, restaurarlas nunca ha sido tan urgente.
Las turberas tienen condiciones de saturación hídrica que ralentizan la descomposición de las plantas, lo que lleva a la acumulación de turba, una capa de materia orgánica
El estudio proyectó cómo el cambio climático podría modificar la distribución geográfica de las turberas en Europa, analizando las ubicaciones actuales y los patrones climáticos futuros bajo dos escenarios: uno alineado con el Acuerdo de París y otro de calentamiento de 3°C. En una entrevista con Phys.org, Enahu Tahitu, autor principal del estudio y miembro del proyecto WaterLANDS en la Universidad de Wageningen (Países Bajos), expresó su preocupación: "Hemos perdido la mayoría de las turberas europeas", destacó, explicando que alrededor del 93 % de los suelos de turba de Europa ya no mantienen ecosistemas funcionales. "Esta pérdida se debe principalmente a la extracción de turba y la conversión agrícola, que impulsaron la prosperidad económica en las llanuras centrales del continente."
El 7 % restante de las turberas enfrenta una presión climática aún mayor. Las condiciones más favorables se encuentran en el norte de Escandinavia, Irlanda y Escocia, y en áreas montañosas. Con un calentamiento de 3°C, el estudio mostró que el 92 % de las turberas funcionales probablemente enfrentarán climas menos adecuados para 2050, y la proporción que experimentará condiciones desfavorables casi se triplicará, pasando del 6 % al 15 %.
"Conservar y restaurar lo que queda es urgente, no solo para nuestro clima, sino también para las comunidades locales", concluye Juul Limpens, coautora del estudio y también de la Universidad de Wageningen. "Las turberas degradadas son vulnerables a la sequía, los incendios y la erosión, lo que afectará la calidad del aire y del agua, así como los futuros suministros hídricos para los seres humanos. Hemos identificado las áreas prioritarias para actuar en los próximos años."